jueves 5 de noviembre de 2009

Mi reconciliación con House

Aunque le costó arrancar, el piloto del remake de V me pareció aseadito, correcto, intrigante y con un nivel de producción sublime. El reciclaje de referentes y la ambigua mirada de Anna prometen traernos... ¡No, no, no, esperad! ¡No toca hablar aún de V! Ya sabéis que dejo pasar un tiempo hasta realizar una crítica de una nueva serie, no vaya a ser que la pilotitis la arruine... Quien desee un comentario detallado, puede acudir a los más rápidos del Oeste en desenblogar: Carrusel de Series, Blogueando y Truthkills. Porque nosotros hoy somos visitantes de la consulta del Dr. House.


Esta reseña del New York Times sobre el doble episodio que introducía la sexta temporada me abrió el apetito. La premiere ya se ha visto con éxito en España, donde Cuatro lleva pocas semanas de diferencia con la emisión USA. Me alegro de haber picado el anzuelo, porque "Broken" ofrece un capítulo memorable, duro, psicológicamente turbador y visualmente ambicioso, en especial con este inicio acompañado de los acordes nada inocentes de Radiohead:



(A partir de aquí, detalles de la sexta temporada) Una inteligente relectura de Alguien voló sobre el nido del cuco con House en plan McMurphy, el indio silente reconvertido en mujer, canchas de baloncesto, músicas molestas, escapadas del manicomio y reuniones terapeúticas en torno a una enfermera mucho menos temible que la Ratched de la película de Milos Forman. Porque en esta ocasión, el ajedrez dialéctico de House es con el Dr. Nolan (el Pembleton de Homicide), el único capaz de quebrar al testarudo doctor. Los días en el manicomio de House han confirmado lo ya sabido: detrás de cada cínico siempre se esconde un sentimental herido.

Hacía años que no veía House. Si acaso algún episodio suelto que pillaba ya empezado. Me parecía un procedimental médico astuto, una serie atractiva, pero cuya estructura se me hizo repetitiva a mediados de la segunda temporada: caso imposible-bordería-varios tratamientos fallidos-bordería-ejemplo de inadaptación social-giro médico inesperado-bordería-una genialidad profesional-salvación del paciente-bordería. Sí es cierto que la cercanía con la muerte añadía a las conversaciones un punto reflexivo, existencial en ocasiones. Pero no me resultó suficiente para seguir enganchado. Y eso que no soy ni mucho menos de los que citan la palabra "procedimental" como si fuera un escupitajo; he disfrutado mucho con CSI Las Vegas, House y me están cautivando Bones y Lie to Me. Pero sí he reconocer que acabo abandonándolos, que llega un punto donde no siento la necesidad de saber cómo sigue la historia que cabalga, al trote, por el fondo de la trama.

De momento seguiré con House. No sé hasta cuándo. Pero desde luego que estos cinco capítulos han sido un placer: ingeniosos giros de guión (el final de "Epic Fail" es para aplaudir), un equipo médico que se desmorona (oh, Trece) y sabrosos dilemas morales (la ambigua legitimidad del tiranicidio promete traer cola). Y una duda, ¿acabará devorándose la serie a sí misma? Es decir, ¿será la domesticación de Gregory House el final inevitable de esta historia?

lunes 2 de noviembre de 2009

Lagartos, espoilers y nostalgia

Para mi generación, hijos del 78, los lagartos tenían un nombre: Diana. Además, había que pronunciarlo "Dayana", porque el doblaje así lo requería. Ahora hemos crecido. Las hombreras y el pelo cardado han pasado de moda. Pero siempre quedará un lugar en nuestro imaginario colectivo, en la memoria de nuestra infancia, para aquellos extraterrestres que conquistaron la Tierra un sábado de verano a las 7.30 de la tarde.

Y el rostro pétreo de Mike Donovan y esas pistolas y aquellos rudimentarios efectos especiales ya no son más que arqueología emocional. Recuerdo a todos mis hermanos, junto a mis tíos, arremolinados frente a un televisor en La Zenia, en casa de mi Yaya. La televisión, entonces, era un acontecimiento. Con bocadillos chorreantes de Nocilla y unas "mirindas", cómo no. Pasando miedo y tapándonos la cara ante el primer parto híbrido de la historia.

Ahora que la nueva invasión está a puntito de producirse (mañana martes, en la ABC), casi da nostalgia ver que las naves de hoy son tan aseaditas:



Y pensando en este ambicioso remake, uno de los platos fuertes de la temporada, he estado estos días rememorando la serie anterior. ¡¡Pero no sé cómo termina!! Y me encantaría saberlo. ¡¡Quiero espoilers!! Porque una leyenda playera (siempre había algún "mayor" que la ponía en circulación) aseguraba que V concluía siendo un sueño donde Mike Donovan era el marido de Diana. ¿Es así? ¡Vaya bluff, entonces!

Y una cosa me ha llevado a la otra y me he acordado de series de infancia y adolescencia que, antes de la revolución digital, nunca tuvieron final para mí. Quizá porque empezaron las clases, acaso porque crecí y las olvidé de un año para otro o porque ese día había tocado ir a la feria, qué sé yo.

¿Alguna vez fue capturado El equipo A? Tengo una nebulosa donde aparecían en un juicio, pero ya no sé si mezclo series o recuerdos.

¿Qué pasaba con Michael Knight y Kit en el último episodio? ¿Alguién se acuerda de Kat, el malvado?

¿Hasta cuándo estuvo Candy, Candy llenando de tristeza nuestros domingos (que, entonces, siempre eran lluviosos)? ¿Alguna vez encontró el amor aquella pobre niña? Porque Marco Polo y Heidi eran comedias a su lado...

Los tripulantes de la Galáctica original, ¿alguna vez encontraron la Tierra? ¿Y por qué mi memoria se empeña en que entonces la llamaban "Terra" y los cylons eran "ciclones"?

¿Acabó Ulises 31 regresando a su Ítaca interestelar?

¿Alguien más recuerda unas Navidades eternas con un programa llamado Mazapán, donde ponían dibujos japoneses de fútbol, vampiros y dragones?

Nuestros amigos de Dragones y Mazmorras, ¿alguna vez volvieron a casa, al parque de atracciones donde todo empezó?

Y Oliver, ¿alguna vez se llegó a reunir con Roberto en Brasil? Y Los caballeros del Zodíaco, ¿aún tenían fuerzas para pelear después de derrotar a los caballeros de oro, de superar la saga de Asgard y de enfrentarse a Poseidón? ¿Tuvo Seiya un final con Atenea?

Y nosotros, ¿alguna vez volveremos a tener ocho años?

jueves 29 de octubre de 2009

La vuelta de Friday Night Lights

El microcosmos de Dillon regresa estos días a la televisión. Ya conté que la primera temporada de Friday Night Lights me pareció excelente, aunque le puse algunos reparos. Por desgracia, las dos siguientes temporadas me han parecido inferiores. Por lo que leo, debo de ser de los pocos que así lo piensan...

(A partir de aquí, algunos detalles de la trama) La segunda temporada tiene momentos de despropósito desde el minuto 1 de partido, con ese "incidente" de Landry y Tyra. Intuyo que los guionistas pretendían reeditar el buen resultado de un percance trágico (en la primera, el accidente de Jason Street) para ampliar el campo narrativo y, sobre todo, profundizar en los conflictos dramáticos que de ahí se derivaban. Pero no les salió bien aquello, por inverosímil. Aún así, lo peor de la segunda temporada no es la deriva telenovelesca de la trama. No. Lo peor es que ¡¡no acaba!! En el capítulo 15, ¡zas!, la huelga la dejó en el aire y los guionistas decidieron dar por contada el resto de la historia... Fue tal el desconcierto en casa, esa sensación de que nos faltaban capítulos, que hasta tuve que preguntarle a Mr. McGuffin qué me había perdido, quizá algún webisodio o algo así. Nada. No había nada. Una gigantesca elipsis que dejaba por el camino una lesión de Smash, una insólita recontraconversión de Lyla y una derrota de los Panthers.

Los guionistas no cerraron cabos al inicio de la tercera y eso se nota. Sí es cierto que la tercera temporada vuelve a mejorar, pero al primer tramo aún le falta volumen emocional. Los capítulos iniciales tardan en despegarse del tópico adolescente y no excavan en ese heroísmo que tantos momentos brillantes ha dado a la serie. Hasta el ecuador de la tercera no reencontré el FNL que conocía, ese relato que te lleva a situaciones donde la cotidianidad sureña de un pueblecito se entrelaza con la intensidad sentimental de unos protagonistas contra las cuerdas (Jason, Tyra); o esas historias donde gente de clase media, sencilla, normal (los Taylor son, quizá, el matrimonio más sólido de la pequeña pantalla) se las tiene que ver con el otro lado del sueño americano (Matt, Riggins). En ese ambiente, el tramo final de la tercera temporada consigue varios momentos memorables, que te empujan a la lágrima: una llamada telefónica de Jason, cantándole a su hijo; una mirada de Riggins en Nueva York, descubriendo con melancolía lo importante de la vida; una admirable carta de Tyra, pasaporte para la redención; el árbol de Landry; el adiós entre Matt y Julie; o esa necesaria conversación donde Tami le espeta a su hija: "Ojalá hubieras esperado".

Porque los mejores momentos los ofrecen Eric y Tami Taylor. Y es que, en el fondo, FNL es una hermosa historia de amor; bella y silenciosa. La de los Taylor. La complicidad de sus miradas, su paternalismo cariñoso o los problemas de una familia que lucha unida en esa noble y difícil tarea de educar. Si no fuera por ellos, creo sinceramente que Friday Night Lights no pasaría de ser una serie del montón. Son ellos quienes marcan la verdadera diferencia. Ojalá que no cambien en la cuarta temporada que esta estupenda promo presenta:



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Cortesías (La Información y The Wire; el nuevo blog de Alfonso Méndiz)

lunes 26 de octubre de 2009

Un Patxi en Mad Men y otros apuntes

Ya comenté mis primeras impresiones sobre las novedades que sigo este año. Pero, ¿qué pasa con las series ya consolidadas? Aquí van unas rápidas reflexiones de cada una de ellas, casi a vuelapluma. Cito algunos elementos de la trama, así que cuidado para quien no las lleve al día:

1. Mad Men. Tras la discutible redención de Don Draper al final de la segunda temporada, esta tercera mantiene elegancia y misterio emocional, pero parece que el centro dramático se va desplazando. Tras llegar hasta el capítulo 3.6., empiezo a sospechar que Peggy acabará como la verdadera protagonista de la historia. Por lo demás, en Mad Men las emociones siguen viajando bajo tierra y las miradas hablan. Ah, lo de ver a los chicos de Sterling Cooper intentando vender a un Patxi para introducir el Jai Alai (la cesta punta) en New York fue una experiencia que bien podría haber venido de Vaya Semanita... Pero no, no. La cosa tiene sustrato real y el tal Patxi se retiró en 1983.

2. Supernatural. Aunque me encantó, soy de los que encontró la cuarta temporada de los hermanos Winchester excesiva, barroca. Al límite, con demasiada pirueta. Prefiero la segunda o la tercera. Esta quinta empezó con un capítulo que quería abarcar mucho y empecé a ponerme nervioso. Sin embargo, los siguientes episodios han mantenido un ritmo extraordinario, dosificando la cercanía del Apocalipsis y manteniendo ese triángulo humor-acción-terror que actúa como marca de la casa. Temporada excelente hasta el momento. Con ganas de ver ese episodio donde, al parecer, se meten en una sit-com. Y, bueno, Paris Hilton tampoco actuó tan mal, ¿no?

3. Sons of Anarchy. Mi estreno favorito del año pasado me está dejando sensaciones encontradas. La disfruto, pero no me apasiona como la primera temporada. Su narrativa me resulta algo deslavazada (la reciente incursión en la cárcel puede servir de ejemplo). Se me antoja como una olla a presión que nunca empieza a hervir. Que amaga sin dar, a pesar de sus finales de capítulo tan poderosos. Siento que le falta algo, pero aún no he tenido tiempo de pensar qué. Opie desquiciado, Tara asimilada, Gemma dañada, un enemigo que los está partiendo en dos y esta frase de Clay a Jax en el cierre del 2.4.: "Si vuelves a hablar de Donna o del incidente otra vez... te mato". Y con todo eso, con tanta trama al rojo vivo, parece que la explosión nunca llega.

4. Dexter. El giro familiar de Dexter asegura una cuarta temporada apasionante. A la compleja relación moral que establecemos con el personaje, ahora hay que añadirle su condición de papá. ¡Más madera! Me parece un giro de guión brillante y fértil. Pifias como las de su falta de sueño en el 4.1. van a dar mucho juego. Y, ojito, que su nueva némesis (un resucitado John Lithgow) no se anda con chiquitas precisamente:



5. Merlín. No me cansaré de recomendar Merlín. Sí es familiar, sí tiene un diseño de producción menos glamouroso (aunque este año ha mejorado bastante), sí es clásica... ¡pero se disfruta como un niño! La sencillez de una historia bien contada. Y, conforme avanza la trama, muchos de los elementos del ciclo artúrico van perfilando sus contornos: Morgana flirtea con el lado oscuro, Lancelot anticipa su adulterio, Ginebra -en un capítulo memorable- se postula como futura reina...

6. House. Desde que sobrevoló el nido del cuco, me he reconciliado con el Dr. House, cuatro temporadas después.

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Cortesías (Vaya Tele y The Wire; Sunne y la "pilotitis")

martes 20 de octubre de 2009

El realismo según The Wire y otras curiosidades

Estos días ando más liado de lo normal porque estoy ultimando una comunicación para el Congreso "IMAGEing Reality. La representación de la realidad en el cine, la televisión y los nuevos medios". He escogido hablar de The Wire, la serie que más a fondo ha llevado la noción de realismo en la televisión anglosajona.

En mi ponencia reflexionaré sobre las estrategias textuales y contextuales que provocan esa profunda sensación de verdad. Examinaré el origen periodístico de las historias y cómo las biografías profesionales de sus creadores permean todo el relato (Pryzbylewski, por ejemplo, es un alter ego de Ed Burns); abundaré en la sobriedad estilística, el uso de actores no-profesionales, la constante presencia del paisaje de Baltimore o la narración fragmentada y expandida que pretende recrear un fresco de la ciudad contemporánea, sus gentes y sus instituciones. Y explicaré -ésta es mi tesis- que todos esos recursos realistas conforman una estrategia para activar una dura crítica sociopolítica a dos mitos americanos, como describen en Jump Cut: el de que el trabajo duro te llevará a la riqueza (el sueño americano); y el de que los Estados Unidos son un lugar de inclusión, donde siempre hay "un sitio para ti".

Espero ansioso la discusión del Congreso, para acoger nuevas ideas y revisar las mías. Pero me interesa destacar aquí como, mientras trabajaba sobre el realismo en la serie, me he encontrado con varias curiosidades:

1. Entre los actores no-profesionales que pueblan la serie, hay varios papeles secundarios interpretados por personajes públicos de la ciudad de Baltimore y el estado de Maryland. Aparecen en diversos cameos Kurt Schmoke, antiguo alcalde de la ciudad, o Robert Ehrlich, ex-gobernador del estado. Y muchos más. En papeles de más enjundia, se puede apreciar cómo el sensato detective Mello está interpretado por Jay Landsman, oficial de policía en la vida real. Lo curioso es que Jay Landsman (con sus frases y vivencias reales) es también un personaje ficticio de The Wire, el poli rechoncho, guasón y competente interpretado por el Delaney Williams.



También mantiene su nombre real el antiguo jefe de policía de la ciudad, Ed Norris (sancionado por corrupción), que paradójicamente interpreta a un detective que siempre se queja del cuerpo de policía. En la misma línea, durante sus trabajos periodísticos, David Simon conoció a un antiguo gángster de la ciudad, Melvin Williams, quien ahora ejerce el papel de diácono de la parroquia en las últimas temporadas.



Pero quizá el caso más curioso sea el de Snoop “Felicia” Pearson. Nacida y criada en los barrios bajos de Baltimore, Pearson cuenta con una biografía de violencia y marginación muy similar a la que proyecta su personaje en The Wire. Simon y Burns decidieron darle una oportunidad tras conocer las penurias de su vida y su intento por redimirse mediante la actuación tras una estancia en la cárcel. Aquí se lo cuenta ella misma a Larry King.


2. Clark Johnson es actor y cineasta. Su relación con Baltimore y Simon proviene de los años de Homicide. Johnson entra en la quinta temporada de The Wire para hacer el papel de Gus Haynes, un periodista de raza, en extinción. Pero estuvo en la serie desde el inicio: dirigió el piloto. Y volvió para encargarse de la despedida de la serie. Lo más llamativo es que Johnson también se encargó del primer y del último episodio de la otra gran serie policíaca de la década: The Shield. No puede ser casualidad; intuyo que Johnson -poniendo las bases de los primeros capítulos, cerrando las epopeyas- tiene algo que ver en la calidad de ambas series.

3. The Wire es grandiosa porque contribuye mucha gente de talento en su milimetrada e ingente escritura. Conocía la obra de Dennis Lehane, autor de Mystic River y Adiós pequeña adiós. La fascinante y sorprendente Shutter Island es la última novela suya que he leído. En esta última, Lehane abandona los suburbios de Boston para contarnos un thriller psicológico ambientado en una inquietante isla. Recomiendo su lectura a todo el mundo antes de que su adaptación desembarque en nuestras pantallas de la mano del dúo Scorsese-DiCaprio. Lo que no sabía es que Richard Price y George Pelecanos, guionistas también de The Wire, son dos de los grandes de la novela negra norteamericana. ¡Me falta tiempo para buscar sus libros...!

4. La importancia que está adquiriendo The Wire se aprecia en la cantidad de literatura crítica que está produciendo. Una serie con infinitas lecturas, con artículos de notable interés que abarcan los muchísimos temas sociales, culturales y políticos que las cinco temporadas ponen en juego. Aún así, al zambullirme en ellos, nunca olvido lo que Barthes llamaría "el placer del texto". Porque hay una cosa mejor que investigar sobre The Wire: verla una y otra vez. Y poder rememorar, por ejemplo, sus quince mejores momentos.